Arropada bajo la primera certificación transfronteriza de astroturismo del mundo y bañada por el mayor lago artificial de Europa, Olivenza es el mirador en el que perderse para la observación de estrellas y destino ideal en el que contemplar los paisajes nocturnos que dibuja la Vía Láctea. Un cielo nocturno con un bajo nivel de contaminación lumínica y excelentes condiciones atmosféricas colocan a Olivenza en el mapa internacional de los mejores destinos starlight.
En las calles de Olivenza aún se respira ese ambiente lusitano que le otorga un carácter especial, porque esta villa fue portuguesa hasta el año 1801 y su singular belleza fue determinante para que en 1964 le fuera concedida la declaración de Conjunto de Interés Histórico Artístico. Olivenza pertenece a la Red de Ciudades y Villas Medievales, concentra lo mejor del arte del país vecino y conserva aspectos que le otorgan un carácter sobrio y señorial, como el estilo manuelino que tiene su máxima representación en la portada de la casa consistorial, mal llamado Palacio de los Duques de Cadaval y verdadero símbolo de Olivenza; aquí se localiza un bello arco con un blasón con las armas de Portugal que muestra los detalles de la riqueza patrimonial de una villa que huele a dehesa, a tierra y horizonte.
La Iglesia de Santa María Magdalena es el otro gran exponente del arte manuelino de Olivenza. Otra iglesia, la de Santa María del Castillo, se levanta en el interior de la ciudadela medieval con un retablo que muestra un monumental árbol genealógico de Jesús y la Virgen María, pieza única en el mundo por sus dimensiones y características escultóricas.
A poco más de 10 kilómetros de esta villa rayana se encuentran las ruinas de Puente Ajuda, infraestructura pétrea que aseguraba apoyo logístico a la Olivenza lusa. El descenso en piragua no sólo permite un contacto íntimo con la naturaleza, sino que ofrece magníficas estampas en un entorno convertido en destino birding por excelencia con avistamientos de aves rapaces, acuáticas, grullas o garcillas, todo ello salpicado de molinos ribereños junto a la decadente fortaleza de Juromenha.
Tierra rayana que se asoma a Portugal, Olivenza ofrece al viajero numerosas opciones para vivir a pleno pulmón: rutas a caballo, senderismo bajo las estrellas o paseos en barco a la luz de la luna por las aguas de Alqueva, el lago artificial más grande de Europa con 1.160 kilómetros de costa que ha conseguido la declaración de Reserva Dark Sky.
Muy cerca de Olivenza merece la pena perderse por las calles de la aldea de San Jorge de Alor, conocida por sus monumentales chimeneas en un ambiente marcadamente campesino y con una gran influencia portuguesa. La menor de las aldeas del concejo es Santo Domingo de Guzmán, un conjunto de arquitectura popular tradicional de marcado acento luso y muy bien conservado. Villareal, San Benito de La Contienda, San Rafael y San Francisco de Olivenza completan el listado de pintorescas aldeas que el viajero puede descubrir en sus paseos por estas tierras rayanas.
Olivenza es tierra de toros; su feria taurina de marzo es un referente internacional que ha conseguido ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional dentro de un panorama festivo en el que también cobra protagonismo una Semana Santa en la que confluyen las tradiciones españolas y lusas.
Este paraíso rayano es un destino excepcional para el viajero deseoso de saborear la cocina tradicional de este rincón extremeño en el que es famosa la “técula mécula”, un delicioso bocado de golosa textura que obligatoriamente ha de ir precedido de una sopa de cazón, un pavo en pepitoria, un ajo de peces o exquisitos embutidos de cerdo ibérico. De este modo disfrutaremos de la mejor gastronomía en una villa que conserva todo su esplendor, sus recintos amurallados y un patrimonio natural y arquitectónico a los pies del Guadiana.
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